La receta tradicional en contra de la inflación ha sido aumentar la tasa de interés, cuando la economía se encuentra produciendo a plena capacidad. Esa medida reduce la inversión porque aumenta su costo, con lo cual disminuyen también la capacidad productiva de la economía y la demanda de trabajo. La caída de ambas variables contribuye a la caída de la demanda agregada, quitándole presión a la oferta cercana al nivel de pleno empleo, reduciendo la inflación y permitiendo cierto crecimiento económico en una economía cerrada.

La aplicación de esta receta de política monetaria luce controversial en una economía abierta. Sobre todo, en presencia de una pandemia, durante la cual el producto corriente no está cerca del producto potencial; con lo cual el crecimiento económico no genera inflación a tal magnitud que impida continuar en la senda de crecimiento previa.

En estas circunstancias, el presidente de la Reserva Federal (RF) de los Estados Unidos (EE. UU.), Jerome Powell, anunció el pasado 15 de diciembre que aumentará las tasas de interés,  por lo menos tres veces durante el 2022, lo que aumentará el valor de la moneda norteamericana y sus exportaciones (nuestras importaciones) costarán más, lo que se sumaría al costo del transporte por mar y tierra. Además, de que el aumento de la tasa de interés encarecería la inversión privada y contribuiría a la reducción de crecimiento económico.

Esta decisión que adopta la RF se fundamenta en que la tasa de inflación en los EE. UU. se ha disparado, pasando de 1.4% en enero del 2021 a 6.8% en octubre y en diciembre es de 7% de este mismo año. Colocando a este país en la disyuntiva de corregir la inflación y continuar con el ritmo de crecimiento económico. Es decir, cuánta inflación está dispuesta a tolerar la RF a lo largo de su senda de crecimiento económico sin que se reduzca el ritmo de crecimiento ni se perjudique el nivel de empleo.

En cambio, las alternativas de políticas económicas para nuestro país son relativamente más complicadas. Esta dificultad proviene del cambio de política de tasa de interés de la economía americana. Ese aumento no le deja al país otro camino que competir con el aumento de las tasas de interés en EE. UU., con la desventaja de que ese país emite dólares y RD es un usuario de esa divisa. La discrepancia entre las tasas de interés de EE. UU. y RD, modificaría los flujos de capitales, favoreciendo al país con mayor tasa de interés y fortaleza de su moneda; lo que es manifiesto en la preferencia del dólar respecto al peso dominicano, (Ley de Gresham, 1860).

Para impedir que haya una salida de capitales de RD y presiones devaluatorias, que afecten el nivel de las RI del BC, éste debe aumentar la tasa de interés por encima de la de los EE. UU., aumentando las preferencias por el peso dominicano. Si esto no se logra, entonces los inversionistas preferirían la moneda norteamericana, habría salida de capitales de RD, y se producirían presiones cambiarias y se provocaría el retorno de la inversión financiera a EE. UU, acompañada de devaluación y mayores presiones inflacionarias en RD.

Por estas razones, el Banco Central (BC) anunció en noviembre pasado el aumento de su tasa de interés de política monetaria (TPM), cuya trayectoria seguramente continuará en ascenso durante el 2022, como respuesta al anuncio de la RF. Además, porque las autoridades monetarias entienden que la naturaleza de la inflación es “en todo momento y en todo lugar un fenómeno monetario”, (Friedman, 1971); aunque la inflación actual esté determinada por elevados costos de transporte. El 24 de noviembre del 2021, el BC en su página virtual publicó su decisión de aumentar la TPM de 3.0% a 3.5%, con el propósito de reducir durante el 2022 la escalada de la tasa de inflación experimentada en el 2021. Sin embargo, el aumento de la TPM del BC llegó con cierto retraso, ya que la tasa de inflación inició su ascenso en enero del 2021 y que perdura hasta la actualidad, tal y como puede apreciarse en la siguiente Figura. Por lo que se puede afirmar, que la política monetaria no responde al control de la inflación, sino al temor de las presiones cambiarias por el aumento de las tasas de interés de EE. UU.

Fuente: Banco Central, www.bancentral.gob.do

Por otro lado, las condiciones del mercado financiero doméstico reforzarían el aumento de las tasas de interés domésticas. La asimetría de información existente entre bancos y prestatarios, la falta de competencia en el sistema financiero y el riesgo crediticio restringirían la oferta de crédito; ya que, en un ambiente de elevadas tasas de interés, los bancos lo considerarían como un proyecto con alto riesgo a quien solicita un préstamo para financiar un proyecto de inversión; por lo que la banca preferiría racionar el crédito (Stiglitz, 1981). Este comportamiento, en adición a la tendencia alcista de la tasa de interés, limitaría aún más la inversión privada.

El aumento de las tasas de interés de la RF conminó al BC a incrementar su TPM y seguramente seguirá esa tendencia, obedeciendo a una política cambiaria que sólo admite deslizamientos controlados del tipo de cambio, porque perjudica al comercio importador, al pago del servicio de la deuda externa, a la repatriación de beneficios de las empresas extranjeras y porque contribuye a incrementar la inflación por costos. El BC puede aumentar la tasa de interés, mantener la inversión extranjera y fortalecer sus RI, pero esta política tiene el inconveniente de que restringiría la inversión privada, y eventualmente impactaría negativamente en el crecimiento económico y el desempleo, aunque pueda lograr una menor inflación. Propiciaría asimismo la contracción del PIB reduciría los ingresos fiscales y como la política de gasto público obedece a la política del Poder Ejecutivo, entonces aumentaría el déficit fiscal y el endeudamiento público.

Contrariamente, mantener sin cambios la tasa de interés, provocaría salida de capitales, devaluación, cierto nivel de inflación, estímulo de corto plazo a los exportadores, mayor inversión privada, cierto crecimiento económico, mejora en los ingresos públicos, aunque con encarecimiento del crédito público externo por los efectos de la devaluación.

Este escenario no es probable que ocurra por la tradición de la política cambiaria del BC, de defensa del valor del peso dominicano. Aunque todavía no se ha iniciado el período de presiones cambiarias, cabe destacar sin embargo que, durante el 2021, el BC perdió RI por un monto de US$928.5 millones. Las pérdidas no han sido mayores debido a las dificultades de las cadenas de distribución. La reducción de las RI se ha manifestado en un leve deslizamiento que recientemente ha experimentado el tipo de cambio, tendencia que podría intensificarse con las discrepancias de las tasas de interés entre EE. UU. y RD; por lo que el BC decidió ajustar la TPM.

El BC debe elegir entre menos inflación-contracción de la actividad económica-desempleo y cierto nivel de inflación-devaluación-más desempleo. Esta elección depende de la intolerancia del BC a la devaluación y a su preferencia de mantener una política monetaria restrictiva, con lo que evita presiones cambiarias, manteniendo elevadas RI para garantizar un tipo de cambio que permita abaratar las transacciones internacionales. Esta alternativa tiene su costo social y político, concentra la riqueza, daña la cohesión social de los dominicanos y dificulta la recuperación económica.