Opinión

Contradicciones internas y división del PLD

El PLD tiene una táctica organizada de trabajo conocida como «war room», o sala de guerra, en la que está implicado un equipo de trabajo, que da cobertura al proceso de las elecciones, con el objetivo de maximizar y rentabilizar la conversión electoral.

Por Alfredo de la Cruz

La posibilidad de que el presidente Danilo Medina pudiera estar acariciando un tercer mandato quedó evidenciado en el activismo presentado por sus colaboradores más cercanos. Esto propició que el expresidente Leonel Fernández le enfrentara con desmedida oposición, abriendo una gran herida a lo interno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). A pesar de que Fernández era partidario y defendió las primarias cerradas, Medina y su corriente lograron imponer el sistema de primarias abiertas, para las elecciones internas que el PLD celebraría, para elegir el universo de sus candidatos, para las elecciones nacionales del año 2020.  

De manera formal, Fernández anunció el 28 de agosto de 2018 que a partir de ese momento iniciaría un recorrido a lo ancho del país, para sintonizar con el pueblo y marchar indetenible a la presidencia de Republica Dominicana en el año 2020. Expresando aquel día que, abiertas o cerradas (las primarias) ganaría como quiera.  

El 10 de julio de 2019 en una inusitada inobservancia del protocolo diplomático, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo conversó por teléfono con el presidente Danilo Medina, dentro del contexto de tensiones generadas ante las denuncias de intenciones en el seno del danilismo de propiciar una modificación a la Constitución para permitir al presidente Medina optar a un tercer mandato, ya que la vigente lo prohíbe. En un comunicado emitido por la presidencia, se conoció que el presidente Danilo Medina, le comunicó a Pompeo que él, no tenía una decisión tomada con relación a las elecciones del 2020     

Sin embargo, la noche del 22 de julio, el presidente Medina sorprendía al país, al anunciar que no buscaría la reelección. Aparentemente la intervención del Sr. Pompeo logró el objetivo que las alianzas construidas por el expresidente Fernández habían previsto. Sin embargo, no hubo un ganar-ganar, pues siendo un momento para un Leonel Fernández victorioso, tras ganar esa batalla, tender un puente a un Danilo Medina inhabilitado, en la búsqueda de rehabilitarlo políticamente, no lo hizo. Lo cual condujo a Medina, como reacción, a anunciar su apoyo al precandidato de su corriente que tuviera mayores simpatías.        

En lo adelante varios aspirantes a la candidatura presidencial, de la corriente danilista (Andrés Navarro, Carlos Amarante Baret, Juan Temístocles Montas, Francisco Domínguez Brito, Ramón Radhamés Segura y Reinaldo Pared) acordaron ser medidos a través de encuestas y el precandidato de la corriente iba a ser, el que resultare mejor posicionado, quien, a su vez, enfrentaría a Leonel Fernández, en las primarias del 6 de octubre del 2019.  

La incorporación más adelante de Gonzalo Castillo en las mediciones generó ciertas incomodidades, pues precandidatos como Reinaldo Pared, lo acusaron de no ser danilista y no haber pactado junto a ellos, ser medido para la nominación a la precandidatura de la corriente. Carlos Amarante Baret, se quejó del uso de las influencias del gobierno a favor de Gonzalo Castillo. Al parecer, primó la vieja sentencia de que los leales son preferibles a los capaces, pues a principios de septiembre de 2019, se anunciaba a Gonzalo Castillo como el precandidato de la corriente danilista para las primarias, sin presentar los porcentajes u otros datos de las encuestas con que fueron medidos todos los aspirantes. 

Al parecer, los resultados del día 6 de octubre no iban resultando muy halagüeños para el danilismo, pues después del mediodía, se ha documentado, se precipitó la compra de votos a favor de Gonzalo Castillo, de lo cual muchos dieron constancia, por la afluencia masiva de votantes después de las 3 de la tarde, lo que motivó que muchos centros de votaciones cerraran pasado las 8 y hasta las 9 de la noche y en algunos casos como San Juan de la Maguana en la madrugada. Esto determinó el triunfo por la mínima, sobre su rival Leonel Fernández.   

El PLD tiene una táctica organizada de trabajo conocida como «war room», o sala de guerra, en la que está implicado un equipo de trabajo, que da cobertura al proceso de las elecciones, con el objetivo de maximizar y rentabilizar la conversión electoral. Cada equipo tiene el control de un colegio electoral, con los potenciales peledeístas o simpatizantes. Si uno de estos identificados, acude a votar, el suplente del delegado digita y envía esa data que le llega a un equipo que va viendo paso por paso, minuto a minuto, el número de peledeístas o de otros partidos que va y vota. Es decir, el día de las elecciones, el PLD sabe de antemano sin abrir las urnas cual es la correlación de fuerzas que hay en cada colegio o mesa electoral. Hasta el momento de las primarias del 6 de octubre, este sistema funcionaba con una precisión del 99%.    

Esta manera de ganar generó un gran malestar en el sector leonelista y a fin de cuentas Leonel Fernández al influjo de su equipo de trabajo y de sus seguidores decidió abandonar las filas del PLD y conformar con el Partido de los Trabajadores Dominicano (PTD) el flamante partido Fuerza del Pueblo (FP).  

Los sucesos acaecidos en lo adelante, son parte de la historia ya conocida y a pesar de que hay otros muchos factores, consideramos como más importante a tomar en cuenta para los hechos que tuvieron como desenlace las elecciones del pasado 5 de julio, la manera en cómo Fernández y Medina manejaron sus contradicciones internas que desembocaron en la división del partido, lo cual, por la dinámica propias del medio, nos llevará a una cuarta y última entrega la próxima semana.

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