Opinión

¡Acuérdate del Matum! La vanidad herida de Trujillo (1 de 3)

TRAS EL HOMENAJE AL LIC. FEDERICO C.  ALVAREZ EN AGOSTO DE 1955.

Por Reynaldo R. Espinal

1.- Un necesario preámbulo evocativo.

En diciembre del año 2019, poco menos de dos años antes de su sentido deceso, acaecida en noviembre del año 2021, tuve la grata oportunidad de conversar por segunda ocasión con el distinguido jurista y munícipe santiagués Dr. Federico Carlos Álvarez Morales, hijo del Lic. Federico Carlos Álvarez Perelló, nombre ilustre, consustanciado al noble ejercicio de la profesión del derecho, en Santiago y el país, y en tal condición, por indeseado accidente, a uno de  los más inverosímiles episodios que engrosan el abultado catálogo de macondianas excentricidades que caracterizaron al régimen tiránico en su desorbitado e invariable culto a la personalidad megalomaniaca e histriónica de su máximo conductor.

En la ocasión, entre otros apasionantes temas históricos abordados en nuestro inolvidable coloquio, me hizo referencia el Dr. Álvarez Morales, con su proverbial caballerosidad y no disimulado júbilo, a un voluminoso libro de su autoría, ya entonces en fase de culminación, en que se propuso recoger, con benedictina meticulosidad, todas las incidencias y consecuencias del famoso episodio del “Matum”, ocurrido cuando la noche del sábado 6 de agosto de 1955, su digno progenitor fue objeto de un gran  homenaje con motivo de arribar a los 40 años de prolífico ejercicio del derecho.

 El Lic. Eduardo Sànchez Cabral pronuncia discurso central en homenaje al Lic. Federico C. Alvarez.
El Lic. Eduardo Sànchez Cabral pronuncia discurso central en homenaje al Lic. Federico C. Alvarez.

Cuando la esperada publicación póstuma de esta importante obra se realice por los dignos vástagos del Dr. Álvarez, como de seguro ocurrirá, no tengo la menor duda de que se conocerán en sus más inéditos pormenores, todo lo atinente a la inimaginada comedia bufa con que el régimen pretendió echar lodo a la digna trayectoria del connotado jurista santiagués; al Lic. Eduardo Sánchez Cabral, promotor principal del homenaje y a cuantos aquella noche cometieron el “imperdonable sacrilegio” que, conforme los religiosos cánones de la tiranía, significó no hacer mención del “Jefe” en ocasión tan señalada.

Y, por supuesto, será dicha obra un insustituible prontuario para conocer a fondo esa camaleónica capacidad de desdoblamiento que alcanzó durante el régimen sus más pronunciados relieves; ese estudiado oportunismo de desdecirse tras el afloramiento de la desgracia a fines de  no perder la bendición del “dios” tutelar, retorcido obrar aún hoy tan tristemente omnipresente en nuestros lares y  que en su expresividad pintoresca resumió el avispado ingenio de Abelardo Nanita al afirmar que “en este país está prohibido jorobarse….o mejor dicho…j……”.

Vayan, entre tanto, estas atropelladas notas sobre los hechos del Matum, mientras evoco aquel grato intercambio con el siempre bien recordado Dr. Álvarez y aguardamos expectantes la publicación postrera de esa valiosa obra, que la parca implacable, en sus jugarretas impredecibles, le impidió ver publicada en vida.

1.- Incidencias de la noche del sábado 6 de agosto de 1955 en homenaje al Lic. Federico Carlos Álvarez en el hotel Matum, de Santiago: noche que se trocó en angustioso calvario.

Diez días faltaban apenas, para que se cumplieran cinco lustros del inicio de la aclamada “era gloriosa”; para que en la expresión más alta del culto al tirano, en  pleno Altar de la Patria, le fuera impuesto “El Gran Collar de la Patria” al “Insigne Padre de la Patria Nueva”.

La “Vieja”, la de Duarte, Sánchez y Mella, a pesar de evocaciones de ocasión, había quedado atrás; apenas como una vaga remembranza, pues ahora, como expresara el tirano en la peroración de su galano discurso: “…el futuro comienza hoy ¡El futuro comienza en este mismo instante!” .

Aquel  sábado 6 de agosto de 1955, en el  Hotel Matum, de Santiago de Los Caballeros, bajo el liderazgo del Lic. Eduardo Sánchez Cabral, conjuntaron sus propósitos los profesionales del derecho de Santiago,  la Confederación de Colegios de Profesionales Universitarios, la Federación Nacional de Abogados,  Los Colegios Universitarios Provinciales y diversas personalidades e instituciones cívicas,  compañeros de profesión, familiares y amigos,  con el propósito de homenajear al  destacado jurista Lic. Federico Carlos Álvarez, en ocasión de cumplirse el 40 aniversario de su prolífico ejercicio del derecho. .

Nada alentaba resquemores ni sospechas por parte del régimen , pues ya el martes 9 de agosto, apenas tres días después del homenaje, el periódico La Nación, uno de los dos voceros oficiales del régimen, reseñaba en términos encomiásticos  el merecido agasajo.

Se destacaba una foto principal mientras pronunciaba el discurso central de la noche el Lic. Sánchez Cabral, completando la  mesa principal, junto al homenajeado, el Lic. Agustín Acevedo, presidente del colegio de profesionales de Santiago, la Licda. Milady Feliz de L`Official,  presidenta de la confederación de abogadas dominicanas, el Lic. Temistocles Messina, y el entonces Senador por Santiago, el veterano político Rafael Vidal Torres (Fello).

La reseña del periodista José Leopoldo Franco reconocía que el Lic. Álvarez se había destacado por la “insospechable idoneidad de su conducta” al tiempo que destacaba fragmentos de las brillantes piezas oratorias pronunciadas en su encomio.

Para la  Licenciada Feliz de L`Official, el Lic. Álvarez, “…ha tenido por escudo la más límpida ética profesional. Su ejemplo prestigia a la abogacía del país de todos los tiempos”.

Por su parte, el Lic. Eduardo Sánchez Cabral, haciendo uso de esa gran capacidad oratoria, iniciaría su peroración afirmando que el homenaje al ilustre jurisconsulto santiagués, lo hacían:

con la misma emoción y elocuente sencillez con que la Francia de 1789 celebró hace casi una centuria la carrera brillante de Berryer, su gran jurisconsulto”, manifestando, al propio tiempo, que el homenajeado: “es un representativo de una clase selecta dominicana, de una clase de limpia y clara historia a la cual pertenecieron altas cumbres del patriotismo, como José Núñez de Cáceres, Francisco del Rosario Sánchez, Benigno Filomeno de Rojas, Francisco José Peynado, entre otros”.

Se explayó en encendidos elogios hacia la profesión del derecho, al considerar la misma como “la más conspicua y útil, la que puede conducir a las más altas dignidades, siendo…la actividad que exige mayor acervo de virtudes, más elevación de pensamiento, más probidad de intenciones y más independencia, porque su ministerio, para que sea fecundo y útil, no puede una mera actividad utilitaria, por honesta que sea, sino que es indispensable que alcance la meta de un permanente apostolado”.

La judicatura no basta para sus altas finalidades, aunque sea sabia, proba, independiente, constantemente procurada por ser justa, si no está auxiliada y fortalecida por un foro que cumpla su misión con el valor, la probidad y la sabiduría que frecuentemente demanda la solución de un caso judicial”.

Hermoso exordio, tras el cual, entraría a ponderar las señeras dotes de ciudadano y jurista del ilustre homenajeado de la noche:

“El Licenciado Federico Carlos Álvarez es un devoto de ese credo y de la austera ética que entraña, habiendo hecho de su profesión un sacerdocio sin más elementos que su civismo, su cultura, su fama de jurista”.

Elevó a las más altas cumbres su sapiencia jurídica al afirmar que: “…ninguna rama del derecho le es desconocida, sin que este elogio lleve desmedro alguno para los abogados del presente, continuadores de las normas morales que trazaron un Horacio Vicioso, un José María Cabral y Báez, un Arturo Machado,  y que herederos de su inteligencia mantienen su tradición”.

Y al final de la reseñada pieza, dibujó con trazos inigualables la entereza ética y profesional del receptor del homenaje:

“Jamás un deshonor maculó los pliegues de su toga y su palabra fue siempre la altiva reivindicación de un derecho o la conmovedora apelación al sentimiento para amparar el infortunio”.

Su obra es un ejemplo y una enseñanza que es lo mejor que podemos ofrecer a la juventud que en el recinto universitario se disciplina y se prepara para asumir en el futuro las responsabilidades de la noble carrera del derecho, cuyo ejercicio, en el seno de la comunidad civilizada, ha de ser un verdadero apostolado,  si se quiera que ella sea eficaz y generoso instrumento de su máxima función social”.

2.- Inicia sus andanadas el temible foro público.

¿Quién y de qué modo encendió la llama de aquel mayúsculo despropósito, tras el homenaje al Lic. Álvarez,  es cosa que aún hoy resulta difícil  determinar. Pero lo cierto es que el mismo día 9 de agosto de 1955, en que el diario La Nación reseñaba en elogiosos conceptos la incidencia del homenaje, se activaba en el periódico El Caribe el temible foro público con la primera andanada acusatoria.

Se trataba de un foro con el título “Parece había un trompo embollao”, calzado con la firma de un señor de nombre Manuel Sánchez González, en el cual se expresaba:

No con sorpresa he leído en la Nación la reseña de un banquete que se celebró en Santiago, donde dice “Sánchez Cabral dijo…” pero no sé por qué razón no publicaron el discurso completo in extenso. Y digo no con sorpresa porque de seguro en eso debe haber un “trompo embollao” cuando no se hizo la publicación completa.

La Nación, periódico de Mario Fermín,…..ya comenzó en esta ocasión la inconsecuencia. ¿Quién es Sánchez Cabral? Un beodo que morirá como su padre en estado de demencia.

Primer repique que doy a esa campaña”.

Ya al día siguiente, en el Caribe, la cuestión comenzaba a cobrar forma con sendos artículos publicados por el Lic. Hernàn Cruz Ayala, titulado “A propósito de un homenaje” y el Lic. Temistocles Messina, titulado “Una injustificable omisión”.

En palabras del Lic. Cruz Ayala: “

“El homenaje habría constituido un acto de verdadera justicia si, junto a los elogios tributados al notable abogado y en las apreciaciones vertidas por éste respecto de la profesión , se hubiera exultado, como era de esperarse en hombres capacitados para aquilatarlos, los grandes méritos conquistados por el hombre insigne que ha hecho posible el definitivo afianzamiento de los altos valores jurídicos en la República. Sin embargo, no pude menos que advertir, como sin duda hubieron de advertirlo todos aquellos que lo presenciaron, que esa justicia no fue ejercida de manera ecuánime, como debía serlo, por quien inició y tuvo a su cargo la organización del homenaje así como por quien lo recibió”.

Apreciaciones insólitas y desconcertantes, pues cabe preguntarse: ¿Y dónde estaba el Lic. Cruz Ayala, que en la noche de sábado formó parte de la mesa de honor y no advirtió entonces la falta de ecuanimidad, que días después señalaba casi compungido?.

Por su parte, el Lic. Temistocles Messina, que también estuvo presente en el acto, culminó su artículo en los siguientes términos: “…fue, por consiguiente, muy extraño para el suscrito, y con seguridad para las demás personas presentes, que los licenciados Federico Carlos Álvarez y Sánchez Cabral no hicieran el reverente homenaje que el acto demandaba al ilustre a quien la toga debe el prestigio que hoy tiene y la justicia las grandes directivas morales de su memorable discurso de Santiago”.

No faltarían incluso foros más mordaces e hirientes, como el escrito el día 11 de agosto por un tal Marcelino Franco, quien se atrevió  a decir, hilvanando alusiones falaces:

Leyendo el foro firmado por el Señor Sánchez González, acerca de un banquete celebrado en Santiago, me he quedado horrorizado porque no alcanzo a comprender cómo se le ocurre a seres humanos ofrecer un agasajo a un individuo que, como Federico C. Álvarez, estuvo en días pasados sufriendo de una serie enajenación mental”

“¿No fue este un acto inhumano porque este licenciado así festejado pudo con ese motivo volver a sufrir un nuevo ataque de ese mal y quedarse para siempre en el manicomio?

Cuando en este mismo Gobierno este individuo desempeño una cartera, en época pasada, fue separado de esa posición posición porque en él se advertían ademanes y demostraciones fuera de cordura.

El mismo Eduardo Sánchez Cabral, siendo diputado y borracho, o no  sufría de profundos y constantes ataques de enajenación mental, y por esa razón fue necesario cursar su renuncia.

¿Por qué el Secretario de Justicia, en estos antecedentes, no ha pedido al Poder Ejecutivo la cancelación de los exequátur de esos profesionales? ¿Pueden los locos postular? ¿Qué dice la ley acerca de estos? Uno de ellos tiene bufete abierto y el otro evacua consultas al bufete de Marco Cabral, cliente de la Tacabalera en Santiago”.

Queremos saber qué será esto, mientras horrorizados contemplamos, una fotografía de Fello Vidal tan cordial con los locos”.

Continuará


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