El presidente Nicolas Sarkozy perdió las elecciones francesas, en segunda vuelta, realizadas este domingo. Con todo el poder en sus manos, con la fuerza de un partido conservador que se había reiterado durante varios períodos en el ejercicio del gobierno y en medio del manejo de una de las mayores crisis económicas de Francia y de la Unión Europea, el presidente perdió las elecciones.
Es cierto que el margen de diferencia fue reducido, y que se trata de apenas cinco puntos porcentuales entre el candidato ganador, de la oposición, Francois Hollande, y el candidato perdedor, el gubernamental Nicolas Sarkozy.
La primera vuelta se realizó el mes pasado y el margen de diferencia entre los dos principales candidatos fue reducido. Las negociaciones entre los candidatos perdedores y los dos punteros no tuvieron nada que ver con la entrega de posiciones públicas o con el compromiso de dinero. El transfuguismo es una actividad controlada por la legislación francesa, lo mismo que el uso de los recursos públicos en una contienda electoral.
Ningún gobierno, socialista o conservador, puede irse de boca en el uso de los recursos del Estado en una campaña electoral. Varios ministros tuvieron que renunciar previamente por asuntos relacionados con el financiamiento ilícito.
El mismo presidente Sarkozy sometió a la justicia a un medio de comunicación digital por haber revelado que en su primera elección Sarkozy recibió fondos de Muamar Gadaffi, el dictador libio recientemente destituido y acribillado. Esos temas son delicados y de altísima sensibilidad para los políticos franceses. Ya sabemos que Dominique Strauss-Khan, ex director del FMI, se perfilaba como el seguro candidato del Partido Socialista Francés para estas elecciones. Fue descartado y un hombre que hasta el 2008 dirigió el Partido Socialista se convirtió en candidato y es ahora el presidente electo de los franceses.
Sin traumas, sin una Junta Central Electoral haciendo bulla, sin un protagonismo excesivo de ministros y funcionarios de primera línea, incluyendo al presidente de la República que no es candidato, sin mayores complicaciones, el presidente candidato francés admitió que perdió las elecciones, aún sin haberse contado la totalidad de los votos.
No hay revisiones, no hay trauma post electoral, no hay despilfarro en las instituciones públicas, no hay extorsiones ni muchos de los problemas que tienen los países en vía de desarrollo, como consecuencia de que un partido en el poder pierda una elección presidencial.
En el 2004 en la República Dominicana, pasó lo mismo. El entonces presidente Hipólito Mejía reconoció que Leonel Fernández ganó la elección y admitió su derrota sin que se terminara de contar los votos. Y el presidente felicitó a su contrario y le deseó suerte en el ejercicio de la presidencia.
En el caso de Europa, y en particular Francia, hay un elemento adicional: los conservadores han ganado las elecciones en varios lugares, incluyendo España, y Alemania, y acaban de ganarlas en Grecia, y tienen una política en ejecución sobre la crisis económica. En Francia, donde gobierna un conservador que ha perdido la elección, subirá un socialista con ideas distintas, y eso no quiere decir que haya crisis o que vaya a producirse una ruptura.
Los dominicanos tenemos que acostumbrarnos a que un cambio de gobierno, incluso si incluye una sustitución de un partido por otro, sea algo normal, y que la continuidad del Estado esté garantizada, en beneficio del país y de los ciudadanos. Ese es el objetivo del sistema democrático.
Veamos con ánimo positivo el proceso electoral en Francia y la actitud democrática y positiva del derrotado presidente Nicolas Sarkozy.



















Ver Comentarios