LISBOA, Portugal.- El cineasta brasileño Kléber Mendonça Filho compite en Lisboa con su primer largometraje "O Som ao Redor", la intimidad de las relaciones sociales de un Brasil en el que, en su opinión, persiste arraigado "el ADN de la esclavitud".
"Es una sociedad muy esclavista. Aunque la esclavitud fue abolida en 1888, el ADN persiste muy fuerte en todo Brasil", aseguró Mendonça en una entrevista con Efe.
El filme, que compite esta semana con otras nueve cintas en la novena edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Lisboa, cuenta el devenir de un barrio de clase media al que llega una empresa para ofrecer seguridad privada.
Este insignificante acontecimiento cambia la vida de personajes intrigantes y revela el entramado de unas relaciones sociales que pese a ser del siglo XXI, arrastran arcaicas estructuras de racismo y desigualdad.
Retrata a su vez el mundo que el realizador veía desde su ventana en un barrio en Recife (Pernambuco), en el noreste del país. En su mirada, una sociedad "desarraigada", cuya clase media puede tener hasta diez categorías en la compleja y esquizofrénica trama.
"Eso me fascina", confesó el director, que ha ganado más de 80 premios internacionales con cortometrajes como "Refice Frio" o "Electroméstica".
Esos contrastes entre capas sociales radiografían también la explosión económica de un Brasil que vive "un momento especial", pero avanza de una forma "muy desordenada", en su opinión.
El director representa esa atmósfera en el espacio y la arquitectura urbana -"un personaje más" en el filme- y pone como ejemplo la moda de construir edificios monstruosos en cualquier parte.
"La arquitectura es una demostración casi artística de cómo nosotros vivimos y de cómo la sociedad se comporta", su desorden constructivo funciona bien como imagen de la sociedad brasileña y por eso la ha utilizado en la película, precisó Mendonça.
Por otra parte, la exploración de ese lado de la sociedad brasileña demuestra, según Mendonça, los nuevos caminos de una hornada de directores en su país, procedentes del universo del cortometraje, como es su caso.
Ese nuevo rumbo ofrece nuevas miradas y más crítica social. Para Mendonça, se explica en la democratización del cine en Brasil, gracias a las facilidades económicas de la tecnología y a la promoción de nuevas políticas culturales.
En la actualidad han desaparecido las jerarquías en Brasil, las élites y hay directores que con sólo dos cortos en su haber llegan a Cannes. "Eso veinte años atrás no hubiera sido posible", observó.
Con nueve secciones oficiales, el IndieLisboa acoge más de 233 filmes, entre los que sobresalen el largo chileno "De jueves a domingo", de Dominga Sotomayor, y el cortometraje portugués "Rafa", firmado por Joao Salaviza y premiado este año con el Oso de Oro de Berlín.



















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