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La intervención a sus 47 años

Un día de dolor para la Patria, a los 47 años de la intervención militar

Se cumplen 47 años de la intervención militar de los Estados Unidos en 1965. Hemos avanzado, pero no lo suficiente para superar la pobreza y el clientelismo, sustento de la miseria política actual.

Un día de dolor para la Patria, a los 47 años de la intervención militar
Francisco Alberto Caamaño, líder los constitucionalistas Archivo/Acento.com.do

Un día como hoy, en 1965, las tropas de los Estados Unidos intervinieron militarmente en la República Dominicana, bajo el pretexto de salvar vidas.

Han pasado 47 años de aquella afrenta a la soberanía y a la independencia del pueblo dominicano. Fue una intervención para doblegar la decisión del pueblo dominicano de alcanzar mayores niveles de prosperidad, para restaurar la constitucionalidad perdida con el golpe de Estado contra el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, derrocado el 25 de septiembre de 1963.

El pueblo y los militares patriotas se unieron, levantaron la bandera de la democracia, y los verdugos de San Isidro que no pudieron enfrentarse al coraje del país se buscaron la protección del imperio del norte, que a su vez estaba comenzando la guerra fría y que renegaba terriblemente de las ideas democráticas, fundamentalmente por el miedo a la réplica de una revolución progresista, como la que en 1959 había encabezado Fidel Castro.

Fue un entrenamiento para el pueblo y una lección en el sentido de que Estados Unidos quería una democracia condicionada y no un régimen democrático independiente, como el encabezado por el profesor Juan Bosch. Balaguer ganó las elecciones que a la sombra de la intervención militar se realizaron, y fue impuesto en el gobierno, para entonces desatar una cacería de los militares y de los civiles con liderazgo y con ideas progresistas, los vuales fueron eliminados selectivamente durante su régimen de 12 años.

La intervención militar del 28 de abril mutiló muchas de las ansias de libertad albergadas por el pueblo dominicano. Con esa experiencia se instaló un régimen clientelista y sangriento, una mascarada democrática que impuso un sistema político sustentado en la bajísima calidad de la educación y en la miseria de la mayor parte del país. Ese modelo aún subsiste, y ha sido aceitado con más recursos y con más pobreza.

Casi el 50% de la población dominicana vive en condiciones por debajo de la línea de pobreza, el sistema educativo es mediocre y el clientelismo hace sus mejores esfuerzos hoy día, creciendo con los subsidios oficiales, sin lograr una rentabilidad social, una producción que posibilite la salida de la pobreza. Es un reciclaje que no tiene forma de resolverse si continuamente se reproduce.

A eso hemos llegado, especialmente conservando los rituales del poder establecido desde el derrocamiento del profesor Juan Bosch. Deshacer el esquema impuesto, con casi dos millones de pobres recibiendo subsidios del Estado, será una tarea ciclópea que corresponderá emprender a los miembros de las nuevas generaciones, quienes nunca deberán olvidar que esos lodos son consecuencias de aquellas lluvias intervencionistas des 1965.

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