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Carta abierta al Jefe de la Policía

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Jesús Rojas

Periodista y sociólogo

Sobre mí

Jesús Rojas es periodista con más de 30 años de ejercicio profesional. Ha laborado en medios de Puerto Rico, Washington DC y en Miami, incluidas cadenas internacionales como Telmundo. También ha sido colaborador de AP. En Puerto Rico laboró para los periódicos El Vocero y El Imparcial y colaborador del diario Primera Hora. Además laboró también para la Revista Vea y Estrella, WIPR, cadena de Radio y Televisión. En Washington DC, laboró en Catholic Standard y El Pregonero.

El nuevo jefe de la Policía Nacional, mayor general  Manuel E. Castro Castillo, anunció que su objetivo en dicha institución será acercarla a la población y que la ciudadanía aumente la confianza en sus agentes y la labor que realizan, con la confianza de que su función llegue a ser más preventiva que represiva en una sociedad atemorizada por la delincuencia social.

Su tarea al frente de la institución del orden público debe ser recibida con beneplácito por muchas razones, entre quienes lo conocen de cerca y la gran mayoría del pueblo que confía en una labor a la altura de sus cualificaciones, eficiencia y responsabilidad y los desafíos del presente que reclaman soluciones urgentes.

Es justo reconocer que el mayor general Castro Castillo –en su extensa hoja de servicio como servidor público uniformado—ha demostrado integridad y capacidad sobrada para enderezar un cuerpo policíaco con una percepción nublada entre la ciudadanía, debido a muchos otros factores, entre ellos los delitos en que incurren muchos de los agentes que deshonran una institución valiosa y necesaria para preservar la paz y la tranquilidad social en el país.

La Policía Nacional dominicana, una con los mejores desempeños y eficiencia en el área del Caribe, a pesar de la precariedad, desconfianza y todo lo que se ha dicho, pide a gritos ser saneada más allá del clásico “remeneo de mata”. La misma reclama desde hace años ser adaptada al siglo XXI, no a la Era de Trujillo, con la tecnología y los equipos necesarios para enfrentar la modalidad del crimen globalizado, heredado de un modelo político corrupto, deficiente y corruptor.

Para empezar, las  escorias con uniforme dentro de la institución deben ser barridas. Ellos constituyen manzanas podridas, manchas que desdicen de los miles de agentes y oficiales anónimos aptos y honestos  que a diario arriesgan sus vidas en las calles de todo el territorio nacional, o caen valerosamente frente a delincuentes en el cumplimiento de su deber sin esperar algo a cambio, ni el clásico macuteo.

A los delincuentes, dentro y fuera de la policía, que no se confundan con el general Castro Castillo. Este ciudadano al servicio del país sabe tener puño de hierro en guante de seda, aunque siempre con el debido respeto a los derechos humanos. Y hay quienes aseguran que cuando la delincuencia intenta jugar y abusar con los inocentes y con la seguridad pública, él suele tener los juegos muy, pero muy pesados.

Con los agentes y oficiales honestos, no corruptos,  el país tiene una deuda de gratitud permanente. Sus salarios deben ser aumentados a un nivel razonable, al igual que los incentivos que reciben sus familiares, reconocidos sus méritos y exaltados sus logros. El Congreso Nacional podría mejorar las condiciones de vida de ellos si existiera la voluntad para hacerlo, antes que la oleada de delincuencia que arropa los cuatro puntos del país ahogue todo grito de esperanza.

Un buen primer paso de la administración del presidente Danilo Medina ha sido designar al mayor general Manuel Castro Castillo como regente de la Policía Nacional, con una vasta experiencia en materia de inteligencia delictiva y criminal.

Castro Castillo, fue quien llevó a la cima el Programa de Orientación Comunitaria en la Dirección Nacional de Control de Drogas, programa además reconocido como modelo por las Naciones Unidas en el plano preventivo del uso de drogas.

Al menos es una buena señal de un gobierno que parece escuchar el clamor del pueblo y le pone rostro humano a las crisis. Bien merece un voto de confianza y el apoyo de toda la ciudadanía en la cruzada contra los criminales, al margen de las críticas que puedan surgir en el camino...

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