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La pagoda de Babel 

Pi (π), el infinito y la muerte

Pi (π), el infinito y la muerte

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Enmanuel Peña

Lector apasionado

Sobre mí

Director de la revista digital de literatura "DE", estudiante de literatura, asistente de corrector de tesis.

El dominicano rebosa de vida, lo que francamente es un defecto terrible y presagioso. Es un defecto que ha nacido de la configuración geográfica y sociológica. Pero al final, elevándolo hasta sus más graves instancias, pudimos (como el que no quiere la cosa) dar un Rubirosa o su desgaste anquilosado y pop Figueroa Agosto. Estos héroes nacionales, que hacen dudar del origen del hedonismo o de la capacidad de Epicuro, son la prueba de que ese apestoso exceso de vida nos hace sexosos.

Para pruebas más perennes y menos tangibles tenemos las pintorescas manchas de arte que se dejan ver en nuestra cultura. Pablo Reyes, un excelente profesor y mejor aún poeta, se maravilla cada semestre de la presencia del cabaret en la literatura que marcó una época y que ahora se estudia obligatoriamente en las altas instancias educativas. Este ícono, más común en las novelas (solo porque el cuento no era muy común) y en la poesía, se solía dejar acompañar de las anécdotas relacionadas con uno de los dictadores que hemos tenido.

Es común en los humanos (y aunque no se crea posible nosotros también pertenecemos a esa inaudita raza) recurrir al sexo como talismán frente a la muerte. El hombre siempre ha de sucumbir, de la forma más deliciosa, al impulso de perpetrar la especie ya sea por guerra, tiranía, plagas o cualquier otra belleza de esas en que los muertos se apilan y la cal escasea. Pero la pregunta que confirma nuestra vistosa costumbre es; ¿Cuál es la imagen representativa y relativa al sexo que va unida a las anécdotas sobre el holocausto?

Borges marcadamente pansexual o tal vez obviamente asexual, es tan frio como lo conocemos en Ulrica los estudiosos afirman que tal vez más. No es que nadie pretenda comparar a Rubirosa con Borges, en cualquier caso habrá que preguntarle a la Kodama sobre el tema. Además contrario a toda predicción y de paso para recordarle a todos los argentinos que aunque quieran no son europeos, Borges es latinoamericano.

Todo el que se aleja del sentimiento fisiológico de la vida se acerca trágicamente a asuntos relativos al infinito, se envuelve en una visión menos infantil y menos egocéntrica del todo. Así, siguiendo esos derroteros, el viejo nos heredo La Biblioteca de Babel (publicada en 1941, fecha a comprar con el holocausto). El inicio del cuento, ineludible y pavoroso dice: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.”

Las matemáticas tienen una distancia del sexo igual a la cantidad de números naturales que existe. No por esto están más cerca de la muerte pero si más cerca de paradoja que suele ser la visión del infinito. De cualquier forma en Sumer había un sacerdote que no supo nunca que existiría un tal Figueroa, ahogado en su amargura de no saber lo que no iba a saber se fue al punto más alto de su zigurat para seguir el camino que tenia descrito.

Los babilonios en su afán insalubre de precisión inscribieron un hexágono regular en una circunferencia para calcular a π. De π se ha leído (como de cualquier otro número irracional) que ninguna secuencia decimal se repite indefinidamente por lo que si se extiende al infinito también las permutaciones serian infinitas (cosa que no está probada ya que solo se ha llegado hasta diez mil millones de cifras decimales). “Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.”

En literatura nuestros ancestros, recientes aunque mocatos, han erguido el cabaret como un baluarte frente a la muerte, el cuartel de la resistencia frente al hedor de los desaparecidos por el régimen. El viejo nos ofreció una biblioteca que nos perpetúa en una ancianidad eterna, la biblioteca un altar a la muerte y las matemáticas (que al final son la misma cosa bermellón) se deja ser en un reino que no es de este mundo.

 

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