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Guillermo Cifuentes
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Sobre mí
“Qué difícil se me hace,
cargar todo este equipaje,
se hace dura una subida al caminar.
Esta realidad tirana
que se ríe a carcajadas,
porque espera que me canse de buscar.”
Llegado a la isla por culpa del pecado. Fue columnista del diario “La Discusión” de Chillán, (Chile).
Ubicar los gobiernos en el espectro político resulta de la mayor importancia por varias razones: desde ayudar a situar y situarse para apoyarlos o hacerles oposición desde una perspectiva programática o doctrinaria, hasta la estimulante acción de “invitar a bailar” a quienes en su arrollador maratón progresista dejaron en el olvido a su camarada Alan Greenspan quien desde el Olimpo neoliberal les recuerda que “sin ideología estás muerto”.
Resulta obvio que a los ciudadanos de izquierda no les gustan los gobiernos de derecha (supongo que, y viceversa). Y no porque sean mala gente (los de izquierda), no. Simplemente porque todo gobierno de derecha implementará medidas y seleccionará funcionarios que están lejos de los ideales compartidos.
Nuestra América es especialmente generosa respecto de entregarnos criterios que nos ayuden a la clasificación que necesitamos. Fueron gobiernos de derecha los del cuento de la Suiza de América (“ya que la patria funcionaba bien en las canchas y en los pastoreos.”) y nos hacen sentir únicos a condición de que ni siquiera intentemos eso de la política comparada: “es que somos así”.
El primer rasgo, absolutamente imposible de ocultar por su correlación de 1 a 1, es que los gobiernos de derecha siempre tienen entre sus aliados y funcionarios a funcionarios y aliados de las dictaduras que asolaron nuestros países.
Un gobierno de derecha jamás oculta sus simpatías por los uniformes. Charreteras, chapitas y ritmos marciales son parte de la plenitud estética dela derecha. Por eso siempre los ‘garantes’ tienen un status que muchas veces no se les reconoce a los representantes y ante la posibilidad, siempre remota, de cambios institucionales que resguarden al pueblo aparecen soluciones como la mano dura o el incontestable argumento de que para poder mantener la institucionalidad hay que dejarlo todo en manos de “los verdaderos responsables”.
Si de impuestos se trata siempre será necesario aumentarlos, especialmente aquellos que afectan a los más pobres. Aumentar la carga tributaria de quienes tienen ingresos mayores podría afectar el crecimiento. Un gobierno de derecha, sabe más que nadie que cuando las ganancias de los empresarios aumentan, se llama crecimiento económico, cuando aumentan los sueldos de los trabajadores se provoca inflación.
Hay una frase de TODO gobierno de derecha que se repite con la fruición de una cita bíblica: “Hay que apretarse el cinturón”. Claro que no se conoce un solo funcionario o funcionaria (de derecha) que haya bajado una talla del pantalón o la falda luego del patriótico llamado.
Los gobiernos de derecha siempre son gobiernos austeros. La corrupción -esa palabreja que tanta ventaja puede dar en períodos electorales- desaparece en los gobiernos de derecha. Funcionarios, dirigentes y aliados no son corruptos ni honrados, son austeros.
Los gobiernos de derecha, sus aliados y funcionarios, son también muy nacionalistas. De inmediato se erigen en los verdaderos guardianes de los mejores ideales patrios, de los que han cuidado en democracia y dictadura con igual empeño einterés. Claro que no se debe confundir el interés de la patria con la defensa de los recursos naturales, los contratos mineros, etc. Hace tiempo que los gobiernos de derecha distinguen la inversión de la invasión.
Los gobiernos de derecha nunca favorecen una sociedad de derechos. Lo de ellos es la sociedad de oportunidades (algo así como el “Sueño Americano” pa’pobres). Eso resulta fácil de entender puesto que para reconocer y asegurar derechos se necesita un Estado que funcione. Pero entre pactos sociales, lucha heroica contra la exclusión, consultas a la “sociedad civil” y repartición de bonos, se va olvidando que el tema es la injusticia y un Estado que apenas funciona en la salud y en la educación.
Un Estado que además sigue renunciando a su función de proteger a los más débiles y debe entregarle a la “iniciativa privada” acciones que parece no pudo cumplir porque algunos se lo robaron todo. Como ellos pasarán a ser los dueños, nadie robará y tampoco tendremos que soportar tantos reclamos y denuncias.
Si usted llegó a leer esta nota hasta aquí, estará de acuerdo conmigo en que el gobierno de Chile es de derecha.

















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