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Víctor Víctor
Cantautor y ciudadano
Sobre mí
Víctor Víctor nació el 11 de diciembre de 1948 en Santiago de los Caballeros, provincia de Santiago, en el populoso barrio de Los Pepines.
A comienzos de los años setenta, siendo percusionista y tocador de guitarra, comenzó a trabajar con la orquesta de Wilfrido Vargas y en 1972 grabó su tema El Camino de los Amantes. Poco tiempo después, esa misma canción le proyectará internacionalmente como compositor al ser interpretada por el gran Felipe Pirela, El Bolerista de América.
Fue fundador junto a Sonia Silvestre del grupo Nueva Forma en los años 70. Este grupo, enmarcado en lo que se denominó la canción protesta, participó en el festival Siete Días con el Pueblo en 1974.
Con el emblemático cantante Francis Santana grabó un disco de son, En Son de Felicidad, que se convirtió en un clásico en la discografía dominicana.
En el año 2007 grabó un disco con canciones de contenido social titulado Verde y Negro como un homenaje a los luchadores por la libertad del pueblo dominicano.
Autor de gran cantidad de canciones, sus letras y melodías han sido cantadas por grandes intérpretes de la canción popular en Iberoamérica y España, por ejemplo Django, Milly Quezada, Celia Cruz y Azúcar Moreno, entre otros.3
En 1991, Víctor Víctor con su producción Inspiraciones fue de los primeros artistas dominicanos en colocar la bachata en los escenarios internacionales haciendo que dejara de ser un género marginal para convertirse en un fenómeno de masas.
En su producción Bachata Entre Amigos del 2006 interpreta a dúo y a tiempo de bachata éxitos clásicos de cantautores como Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Fito Páez entre otros. Muchos de esos autores interpretaron por primera vez sus canciones en ese ritmo.
Me pidieron que dijera lo que pienso del nuevo gobierno, porque saben de mi amistad con Danilo, la que contrasta con mis ideas sobre el estado, el poder, la acumulación capitalista y los partidos. Como no soy comunicador mejor digo lo que quiero, lo que pienso no tendrá importancia, rodará “por la pendiente enjabonada de la elucubración”.
Después que renuncié del PLD, en el 1990, permanecí cercano a Danilo Medina, fui a su gobierno en 1997, le acompañé para ser presidente en el 2000 y a candidato en 2008. En la reciente campaña del 2012 no participé, juré nunca más pasar mi voto por las maquinas trituradoras políticas del PRD, PLD, dos formaciones degeneradas de sus esencias y negadoras de la práctica política del buen vivir para todos.
Pero cómo no alegrarme de lo que le ha ocurrido a mi amigo Danilo, sería hipócrita no sonreir imaginándolo sentado en la poltrona, desde donde ejecutar sus programas de gobierno, los que tantas veces me comentó, y con los que soñó. Cómo no disfrutar de las caras risueñas de Candy y las niñas, las cuatro mujeres de Danilo.
Me alegro, aunque él sabe que desapruebo el pacto del gobierno con el gran capital y buscar la excusa de la gobernabilidad para estar bien con todo el mundo. Me alegro, repito, y se que dos o tres de sus ‘compañeros’ complotarán contra cualquier medida que comprometa la estructura económica actual por sacar a un buen grupo de dominicanos y dominicanas de la pobreza.
Amistad y cariño no justifican miopía alguna, hemos sobrevivido a nuestras diferencias. El tratará de imponer su estilo de humanidad y eso me alegra. Admiro su inteligencia, pero mis sueños no se nublarán y esperaré sus ejecuciones, sobretodo la del 4% para la educación, la de atender a los campesinos pobres, la de cuidar a los jóvenes, entre otras.
Me contenta ver que Danilo ocupe la presidencia y hasta escuché su discurso. Como todos esperé que anunciara el nuevo equipo de trabajo, y me preocupa más que todo la ausencia de jóvenes para que le acompañen a ejecutar los cambios que todos esperamos.
Quiero que Danilo lo haga bien para que las mayorías consigan ser más felices de lo que son ahora y deseo que el tramo que le ha correspondido manejar la guagua rumbo a la sociedad solidaria, lo haga con decencia y humanidad, ante todo.
Solo quiero que mi amigo sea un buen presidente, que saque de la pobreza a cientos de miles de familias que viven mal, que priorice la educación, que escuche y respete las voces de los ciudadanos independientes, que castigue el dolo y que no mienta nunca. Ese sería un gobierno decente y diferente a lo visto hasta hoy. El otro gobierno, con el que sueño, lo harán los jóvenes sin el lastre de los partidos.


















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