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Santiago Estrella Veloz
Periodista
Sobre mí
Soy abierto y tolerante, con caridad para todos y sin malicia para nadie.
Según la Real Academia de la Lengua, en el sentido poético un plumífero es una persona que tiene o lleva plumas, aunque en sentido despectivo “tiene por oficio escribir”, como si quien escribe, en sentido general, pueda ser señalado como plumífero.
Existen muchos turiferarios de la pluma, que son aquellos encargados de llevar el incensario, que consiste en un brasero pequeño con cadenillas y tapa, que sirve para incensar, pero además para elogiar a alguien, tratando de bendecirlo como si fuera algo divino.
En ese sentido, en la política existen plumíferos al servicio de la oposición y del gobierno. Solo basta una ojeada a las columnas de opinión para comprobarlo. Los primeros atacan sin piedad al gobierno, sin reconocerle sus cosas positivas, mientras los segundos son quienes están al servicio del gobierno y lo alaban a todo vuelo sin crítica alguna, debilidad manifestada por múltiples razones, entre las cuales se encuentran el partidarismo y la sumisión. Es decir, son “escribidores” sin espíritu crítico.
Hay plumíferos teóricos y prácticos. Los primeros escriben con una manifestación lingüística de alta sapiencia, mientras los prácticos son aquellos que ignoran el uso correcto del idioma español y por eso escriben barrabasadas, vulgo acciones atropelladas, generalmente a favor de quienes están en el gobierno. Y, naturalmente, cobran por eso.
Los teóricos a menudo coinciden con la oposición, pero no cobran precisamente por eso: por estar en la oposición. Pero cuando llega un gobierno con el cual se identifican, cobran, generalmente olvidándose de lo que dijeron antes sobre los plumíferos al servicio del gobierno al que antes se opusieron, que siempre han sido muchos.
En términos despectivos, a los plumíferos del gobierno se les denomina “bocinas”, que amplifican lo que dicen los representantes del oficialismo, no importa el rango que tengan.
Los llamados “bocinas” de la oposición suelen ser iguales y repetitivos para defenderla, como parte de una democracia coja y en refajos, pero democracia al fin, que les permite hasta insultar a las otras “bocinas” oficialistas.
Claro: nunca se entenderá que en ambos casos, esos plumíferos tienen sobrado derecho para expresarse, porque para eso están los lectores que saben identificar quiénes son unos y quiénes son otros, cada quien solidarizándose con el que le conviene.
El hecho de que esto sea así es positivo, porque provoca un “choque de ideas” que fortalece la pluralidad democrática, en la que no creen muchos plumíferos, de uno y otro bando, porque lo que les interesa es defender intereses políticos o económicos.
Si “conceptualizamos” y ampliamos lo dicho, en el país hay millones de plumíferos, que son aquellos pollos, gallinas y hasta pavos, que son ingeridos con fruición por todo tipo de “plumíferos” políticos, incluidos aquellos otros que son “dulces, tiernos, castos y suaves”, que suelen ser marginados por algunos sectores de la sociedad por su condición de tales. Pero, plumíferos al fin, cobran por sus servicios.
En vista de que en el país hay tantos “plumíferos” a favor del gobierno y de la oposición, me atrevo a proponer que se forme la Sociedad Dominicana de Plumíferos (SODOPLU). Naturalmente, sin incluir a los pollos y a las gallinas, por cierto cada día más amenazados por la denuncia de que el salami está contaminado.


















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