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Hablemos de Dios 

Trajeado y sin zapatos

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Elizabeth Espinal

Publicista

Sobre mí

Se desempeñó como Directora Creativa en diversas agencias de Publicidad, hasta emigrar junto a su familia a los Estados Unidos.  Actualmente se desempeña como escritora.  Autora de una novela, la cual se está siendo publicada tanto en español como en inglés.  Activa en la fe cristiana, publica testimonios que sirvan de edificación.

Caía la tarde de aquel caluroso día.  A pesar del clima, venía bien una tacita de café para amainar la velocidad con que habían transcurrido los afanes.  Parada ante las ventanas que daban hacia el frente de su casa, con la vista la mujer contemplaba el panorama, mientras con la mente viajaba de una idea a otra, de un problema a otro, de muchas preguntas a no muchas respuestas.

¿Cómo afrontaría aquellos pagos pendientes? Que si tal o cual vestido era apropiado para ir a la inauguración oya los de la oficina se lo habían visto.  Que si fulanito el vecino ya tiene el último videojuego, y nosotros seguimos con este otro.  Esta y otras inconformidades de la vida moderna que expresaban los hijos, se sumaban a las otras tantas presiones.  La mente de la mujer era un torbellino y por ende, las soluciones no parecían posibles.

Entonces sus ojos captaron una escena por demás pintoresca.  El menudo hombre, obviamente de nacionalidad haitiana, iluminaba su rostro con una blanca sonrisa, mientras portaba cual si fuera maquillaje, una radiante expresión de satisfacción.  Llamaba la atención su atuendo.  Vestido con un saco y pantalón de por lo menos una talla más grande.  Debajo, una colorida camisa de ramos, y como toque contrastante, un gastado sombrero.

Entre las diferencias de estilos y las muchas arrugas en las telas, la combinación de elementos sería la pesadilla de los modistos franceses; pero no para el modelo.  Oh no!  Él caminaba con la inflamada actitud que imprime la satisfacción.  Ante sus propios ojos, sólo un artista de Hollywood con la etiqueta de una alfombra roja, podría parársele al lado.  Su espontáneo andar parecía casi infantil, era inevitable no fijarse en él y esbozar una sonrisa ante tal despliegue de entusiasmo, sobretodo porque el colorido hombre, con actitud de galante no portaba zapatos.

Mami, mira ese pobre hombre, le interrumpió entonces la hija, quien acababa de entrar de la calle.  Mira cómo va vestido y no tiene zapatos.

¿A dónde irá y qué le van a decir cuando lo vean así?  En milésimas de segundos, las angustias de moda, apariencia y competencia social, se desmoronaron, siendo sustituidas por arrepentimiento, agradecimiento por lo que se tiene y compasión.  Si, lejos de provocarle burla, aquel hombre sin saberlo, inspiró una misericordia en ella, quien de un impulso, se apresuró a salir hasta la calle para llamarle antes de que se le perdiera de vista.  -Si, tú; ven acá!  Le dijo tanto con la boca como con las manos.  Agarrándose el sombrero para que no se le callera, y contagiado de la prisa que la mujer expresaba, el hombre corrió hasta ella. –Dígame a ver… dijo con la obvia mezcla de acentos y cultura. Pero antes de que pudiera saber qué la mujer quería, estaba siendo interrogado…

-“Usted está muy elegante!¿Para dónde usted va?”  Preguntó ella directa y confiadamente.

-“Pa’ la iglesia, que un amigo mio se matrimonia hoy”.  Respondió sin reparar en el maltrato al idioma.

-Ah con razón! –decía ella buscando ocasión para indagar más a fondo sobre su aspecto.  –Pero amigo, a usted le falta algo, ¿y a dónde están sus zapatos?  ¿Se le olvidaron?

Cualquier alma insegura, más quebrantada y frágil, estallaría en llanto hundida en la vergüenza, más no nuestro peculiar protagonista.  Se reía encogiendo los hombros, movió también su cabeza mientras dejaba escapar una cómica acción, dejando saber que no poseía más que unas chancletas plásticas, las cuales, no iban bien con las elegantes ropas que había conseguido para tal ocasión.  Así que prefirió la natural elegancia de sus pies.  D

e todos modos, lo importante era que él iba a disfrutar del matrimonio, el no tener zapatos era “percata minuta”.  Aquella sencillez e inocencia, parecería un acto burlesco y prosaico ante los ojos de quienes viven infestados de  arrogancia, sin embargo, para la mujer estaba ante un mensajero de Dios que le hizo re-enfocar en el verdadero valor de las cosas.

Allí mismo todas las presiones que sintiera para llenar los moldes de las altanerías sociales, perdieron importancia.  Su taza de café, la cual servía de placebo, quedó en la repisa de la galería, mientras el hombre era sentado con la promesa de que ella encontraría para él unos zapatos, y así llegara “bien lindo” a ese matrimonio.

Unos pares descartados hacía meses por su marido, sobrellenaron las expectativas.  Les quedaron un poco grandes, pero qué mas da! Ese era otro detalle sin importancia.  Lo cierto era que, por una Ventura Divina él había sido bendecido no con uno, sino con dos pares de zapatos.   Ahora su felicidad estaba completa al igual que su atuendo; y su capacidad de disfrutar el momento, llevada al máximo.  Lo increíble es que, sin saberlo él también contagió de esta capacidad a la mujer, quien ahora recalentaría su café y lo bebería ya no para tranquilizarse, más bien para brindar por haber sido instrumento de bendición para el haitiano, a la vez de ser bendecida con paz y conformidad.

Mateo 6:25-34 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

¡Bendiciones!

 

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