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Amanda Castillo
Antropóloga
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Antropóloga con Doctorado en FranciaAhora que el salami ocupa todos los espacios de la prensa, gracias a la esplendida acción mediática de la Directora de Pro consumidor convertida en Diva, cabe destacar que el salami siempre ha sido un producto, nutricional de cuidado, a nivel internacional ( las reglas de calidad exiguen cierto rigor dentro de su fabricación).
Nuestra clase política se ha servido de él durante estos años de “democracia gourmet”, donde el salami, especie de embutido muy cuestionado en países desarrollados por su alto índice de toxicidad, ocupa en nuestra mesa un lugar muy privilegiado, sobre todo en tiempos de campaña política y de nutrición al vapor - donde lo nutritivo pareciera no tener el sabor seductor, sino está acompañado de lo tóxico, que pueden representar algunos productos de su composición.
En nuestro país, se cuentan 13 tipos de salami, 10 de ellos “súper especiales”. Observando cómo este producto, vinculado al consumo alimenticio masivo de las clases más desfavorecidas, va teniendo connotaciones culturales, que terminan por vincularlo al destino político de una nación de 10 millones de habitantes, donde casi la mitad vive en la pobreza y/o en la indigencia absoluta y comen salami dos o tres veces por semana…
Compuesto de carne de cerdo, res, proteínas de soya, glucamato de sodio, tripolyfosfato de sodio, nitrito de sodio, errithorbado de sodio, humo líquido, colorantes y otros elementos (entre ellos, materia fecal). Como muestra el reciente estudio de Pro Consumidor, el cual destaco además, que el 97% de los salamis analizados no presentan el nivel proteico requerido, - colocando en una posición muy delicada un producto alimenticio clave en la “suntuosa” dieta de muchos pobres, independientemente de que, es consumido por la clase media empobrecida y tal vez por todos, ya que entre toxicidad y nutrientes, hay un espacio de seducción al paladar que encanta hasta los ratones.
De aquí que no sea extraño observar cómo el salami ha estado presente en las manifestaciones políticas de ciertos candidatos, apareciendo los simpatizantes blandiendo un salami, como los cruzados blandían su espada, venciendo la incertidumbre del ¿qué comeré hoy?.
Habiendo surgido un tipo de militante profesional, que asiste a las actividades políticas de cualquier partido, para tener acceso a la comida de ese día; y eso, los políticos los saben. El estilo de marketing culinario político, impuesto por los candidatos de PRSC, basado en el salami, fue copiado por otras tendencias incluyendo el PRD y, claro está el PLD.
Este último está convencido que “la tradición política del país es la de Balaguer”, quien instituyó la dádiva como razón de ser de la política nacional, repartiéndose dinero, arroz, pollos, cerdos y salami. Siendo aquí donde realmente se ha dado con el elemento clave en el marketing estomacal de la población: basta con observar las fotos y notas periodísticas de campañas del 2004 al 2012 (ya que un pollo o un cerdo son de difícil manipulación entre la multitud de eufóricos “seguidores”).
Es así como muy a pesar de los nutricionistas, el salami llega a estar presente en casi todos los mítines y actos vinculados a las dádivas de alimentos, entrando a jugar un papel estelar en el futuro del país en los últimos años. Ciertos políticos vieron sus simpatías crecer considerablemente, tras el reparto del producto en cuestión, como demostraron algunas encuestas, cuando el candidato del PRSC era el “Candidato de los pobres” .
Que las autoridades descubran hoy, que el salami es nocivo para el consumo de la población, no deja de ser un “escándalo novedoso”, extremadamente mediatizado, sin que se diga hasta el momento de la realización de estas líneas, cuales son las marcas en las cuales se encontraron restos de materias fecales (que son el 15% de la muestra.) Lo que podría colocar en otro contexto, al salami y sus fabricantes, junto a la clase política clientelar en una “crisis alimentaria”, vinculada a la salud pública, por lo mucho que este tipo de “alimento” ha sido utilizado en las dádivas .Siendo visto con naturalidad y entusiasmo caritativo, que algo supuestamente dañino sea distribuido en la población.
El salami es un instrumento político, con el cual se viene contando desde hace unos años, sin que se conozcan (o no) las propiedades nutritivas/dañinas para el organismo humano. Nosotros no podemos dejar de preguntarnos: ¿Por qué y cómo surge el interés por el salami hoy? ¿Por qué este despliegue mediático? ¿Puede esto contribuir a afectar algunos empresas productoras, que tienden a guardar cierta calidad?
Cuando sabemos el papel que tiene el salami en la dieta de los pobres, quienes han creído sustituir por años, los nutrientes de la carne a través del mismo… Y que hoy, descubren con sorpresa y asco lo que vienen comiendo. Aunque las ventas si bien han bajado, ellas continúan[1], dando cuenta del arraigo del producto en la culinaria nacional y en la manipulación idiológica del momento.
No podemos obviar que el salami está estrechamente vinculado al quehacer político, estando en la base de la construcción del liderazgo político clientelar. Lo que pone así en cuestionamiento (indirectamente) el futuro de nuestros líderes políticos, que basan su polularidad en una mezcla de ingredientes ya citados. Lo que lleva a pensar que el futuro bien vale un salami.


















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