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Alanna Lockward
Escritora
Sobre mí
Alanna Lockward estudió periodismo en México y ha trabajado en Rumbo, y Listín Diario como investigadora, crítico de arte y editora cultural. Reside en Berlín desde finales de los 90.
La principal arma de Peña Gómez es la confianza del país en que, como hijo del pueblo que ha escalado desde las posiciones más humildes, es conocedor de sus problemas y puede buscar las respuestas que les lleven a superar esos problemas”.
Hatuey Decamps. Director Nacional de Campaña y Secretario General del PRD.
Ningún otro candidato a las próximas elecciones presidenciales de la República Dominicana goza de mayor popularidad local e internacional que José Francisco Peña Gómez. Desde los inicios de su carrera política durante la Revolución de abril de 1965, su dominio de la palabra y su carismática personalidad le han ayudado a definir una imagen pública que se identifica con los reclamos de reivindicación política y social de las clases no privilegiadas.
Una parte importante del éxito de su discurso populista es el uso de coloquialismos y frases del pueblo, que Peña Gómez recicla como propios. Parafraseando el lenguaje cotidiano, Peña Gómez presenta un discurso de connotaciones mesiánicas sobre el ejercicio del poder presidencial, el cual, según él mismo, le corresponde por “derecho histórico”. La orientación de campaña del Partido Revolucionario Dominicano, del que Peña es candidato, tiene mucho sentido de clase y también un alto contenido de reivindicación “racial”. Peña Gómez representa el sentir de los sectores más pobres del país, que resienten la casi imposibilidad de ascender en la pirámide social dominicana, debido a un sistema político y económico que no facilita este tipo de pretensiones. La fogosidad de su oratoria es legendaria. Sus discursos de campaña se caracterizan por alusiones directas a otros personajes de la vida política nacional, con nombres y apellidos; esta retórica toma, a veces, giros impredecibles. La semana pasada, por ejemplo, Peña Gómez conminó, en medio de un acto oficial, a la embajadora estadounidense, Donna Hrinak, a admitir públicamente que le había hecho una llamada personal para discutir las negociaciones del “Pacto por la Democracia”.
Desde 1961, cuando formó parte del primer grupo de estudiantes dominicanos inscritos en la Escuela de Ciencias Políticas de Costa Rica, durante la presidencia de José Figueres, la carrera política de Peña Gómez empieza a configurarse con un claro matiz regionalizador e internacionalizante. Mantiene estrechas relaciones con líderes de la Internacional Socialista, como Alan García, de Perú; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; Jaime Paz Zamora, de Bolivia y Betino Craxi, de Italia, entre muchos otros.

Raúl Recio. Sin Título, de la serie "Yo estoy aquí pero no soy yo" (1986-2000)
Peña Gómez ha logrado consolidar su proyecto presidencial gracias a una incansable labor de difusión de su actividad política, por lo cual es, de todos los contendientes a las próximas elecciones, el que más se conoce en el resto del mundo. Es parte integral de su agenda electoral la credibilidad que le otorgan sus relaciones con un sector importante del Partido Demócrata, a quienes se refiere como “los liberales de Washington”, y con el Black Caucus. Sus adversarios tienen justificados motivos de preocupación, puesto que el peso específico de las declaraciones de este candidato tiene una repercusión en la opinión pública internacional que nadie puede tomar a la ligera.
Por lo tanto, es preciso que el cambio que se espera en la vida política dominicana cuente con la ratificación verbal de Peña Gómez, y si ese cambio no lo favorece a él, como ya ha sido demostrado en el pasado, lo más probable es que los dominicanos tengan que enfrentarse a una larga lista de opiniones internacionales que cuestionen los resultados electorales. O lo que es lo mismo, tendría lugar una paráfrasis a nivel internacional de uno de los lemas extraoficiales de la campaña perredeísta: “O Peña, o Leña”.
La candidatura de Peña es también producto de un largo proceso de reajustes en las jerarquías del PRD. Empezando con su ruptura con el profesor Juan Bosch (el opositor tradicional de Joaquín Balaguer y fundador del PRD) que se dio a principios de los años 70 y que fué acelerada por el desacuerdo que hubo entre ellos cuando el coronel Francisco Caamaño realizó, desde Cuba, la frustrada
invasión de Playa Caracoles. En ese momento Bosch mantuvo ante la opinión pública nacional una postura de desaprobación de tales hechos, mientras que Peña Gómez, en ese momento secretario general del PRD y “ahijado” político de Bosch, se opuso al discurso de Bosch. Más tarde, Bosch funda una nueva organización política, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). La dirigencia del PRD queda en manos de sus antiguos compañeros de partido.
En este nuevo orden de cosas, el nuevo aliado político de Peña Gómez es Jacobo Majluta, recientemente fallecido. Ambos líderes tienen una ruptura después de la nominación de Majluta como candidato a la presidencia durante el proceso electoral de 1990. Majluta busca una nueva forma de canalizar su proyecto presidencial creando el Partido Revolucionario Independiente (PRI). Como resultado de esta segunda separación, el voto perredeísta sufre un considerable descenso y Peña se ve obligado a negociar con un sector reformista disidente, en la persona de Fernando Álvarez Bogaert, -su actual compañero de boleta, candidato a la vicepresidencia-, una alianza partidaria con miras a fortalecer sus probabilidades de éxito en las pasadas elecciones de 1994. Cabildea, además, la integración de una docena de pequeños partidos satélites del reformismo, con los que logra establecer un bloque, el “Acuerdo de Santo Domingo”, que en las más recientes encuestas electorales lo sitúan como el posible ganador de la primera vuelta electoral, aunque ello no necesariamente signifique que llegue a ocupar la silla presidencial.
He aquí el tema más comentado en la presente situación preelectoral. Según la nueva ley electoral (una innovación del “Pacto por la Democracia”), para ganar en la primera vuelta un partido necesita el 50 por ciento más uno de la votación. La encuesta electoral Rumbo-Gallup le garantiza a Peña Gómez la obtención del 43 por ciento del total de los votos. Si, en efecto, logra cubrir dicha cuota, tendría que enfrentarse en una segunda vuelta al partido que quede en segundo lugar. En una coyuntura tan desfavorable, donde el voto reformista se aliaría con el del PLD para enfrentar a Peña, es muy poco probable que el PRD salga airoso.
EL NUEVO HERALD, VIERNES 10 DE MAYO DE 1996.


















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