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Diario de la Ciguapa 

Una salutación al Desfile Gay

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Sara Pérez

Periodista

Sobre mí

Periodista. Fue reportera de los diarios Ultima Hora, El Nacional y Hoy. Fue miembro del equipo de Investigación del diario Hoy. Escribió para la revista Rumbo. Actualmente reside Reading, Pensilvania, Estados Unidos.

En una de las novelas de Tom Wolfe,  si no me equivoco  "Todo un Hombre" (¿ O será "Yo soy Charlotte Simmons"?) hay un episodio de una congestión de tránsito en una de las carreteras de Atlanta.

Ahí  se describe cómo de repente la gente joven que estaba dentro sus carros, harta de esperar, comienza a salir de los mismos, enciende los radios de los vehículos y arma en la autopista paralizada, una fiesta que cada vez se va poniendo más desinhibida con los bailes a ritmo de "música" urbana.

No encuentro los libros de Wolfe (tal vez los tengo en Santiago), pero sé que la narración es de él. Si mal no recuerdo,  el personaje que describe la fiesta en la autopista al principio se escandaliza con la audacia de los movimientos y la actitud de los participantes.

Sin embargo, en un momento comienza a reinterpretar el panorama,  sin las etiquetas estrictas de cierta clase de judeocristianismo, tan  empotrado en la conciencia colectiva, que  tanto a adeptos como a disidentes suele servirle de referencia  para diferenciar  lo correcto y lo incorrecto, en  lo que se refiere -preponderantemente para juzgar a los demás – al ámbito de lo lúdico, al sexo, al placer y a la sensorialidad, temática que tanto ayuda para pasar por alto el único y definitivo pecado: el abuso de poder, con todas sus variables, desde  la corrupción y la codicia, hasta la arbitrariedad  o hasta la pederastia, que como bien se sabe,  no es un problema de sexo, sino una de las muchas sub-patologías del autoritarismo.

Hecho el esfuerzo para ver la improvisada fiesta sin la pátina ideológica del cristianismo gazmoño, el narrador piensa –siempre según lo que recuerdo- que se trata de una fiesta de impronta pagana, una celebración del cuerpo, de su posesión, de su belleza, de sus destrezas y movimientos,  de su libertad, de las alegrías y placeres que proporciona, una exaltación, un estallido, un florecer de la vida, con lo que la vida toma y ofrece a través de los sentidos, que son los mensajeros del alma. No carente de espiritualidad, sino con una espiritualidad diferente a la definida entre las autoflagelaciones en los conventos del Medioevo.

He tenido oportunidad de ver varios desfiles gays en Nueva York y por las reseñas que he leído y las bellísimas fotos que he visto de los desfiles de similar naturaleza que se han celebrado en República Dominicana,  me parece que tanto en un sitio como en otro, se comparten algunos rasgos de esa festividad  un tanto pagana, con matices carnavalescos, descrita por Wolfe.

Espero no perderme el próximo, pero desde ya deseo felicitar a quienes han organizado e institucionalizado la actividad que reúne a gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, por el aspecto más importante que realmente tiene y  que es el simple estar en conjunto, celebrándose a sí mism@s, buscándose y hallándose en sus diversas expresiones y en sus caminos, reinventándose, levantándose, siendo, estando, bailando, riendo, maquillándose, desmaquillándose, vistiendo –o desvistiendo- lo que les sugiera la fantasía, la imaginación y la creatividad. Las fotos y vídeos de Acento así lo confirman.

El desfile no solo reivindica a un sector atropellado y discriminado, sino que civiliza a la sociedad en su conjunto, porque la coloca ante una imagen más nítida sí misma, más diversa, más densa, más rica y compleja, más auténtica y real.

Seguro que el desfile no ha sido, ni va a ser perfecto en todas las ocasiones y aunque lo sea, siempre van a aparecer algunos que se sentirán ofendidos, en unas ocasiones quizás  por razones atendibles y otras por prejuiciada animadversión.

Los organizadores y participantes tienen mucho trabajo por delante. Aprenderán y corregirán, a la vez que también enseñarán a un entorno social que tiene muchas materias pendientes en temas de derechos, tolerancia y convivencia dentro de la diversidad.

He visto a algunas personas reclamando un desfile del orgullo heterosexual, lo cual me parece una idea absolutamente brillante.  Ya que los gays  son pioneros en la organización de desfiles, tal vez estén dispuestos a asesorarlos gratis.

Y ojalá consigan al Cardenal para encabezarlo.

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