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Se roban “hasta los hierros de la cárcel”

Se roban “hasta los hierros de la cárcel”

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Isidoro Santana

Economista

Sobre mí

Economista. Investigador y consultor económico en políticas macroeconómicas, particularmente en el área fiscal, así como en políticas sociales. Ha publicado estudios sobre pobreza, distribución del ingreso y políticas de educación, salud y seguridad social. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro fundador del movimiento cívico Participación Ciudadana, Ex Coordinador General del mismo en dos ocasiones, y miembro de su Consejo Nacional y la Comisión de Transparencia.

Esa expresión la oía mucho de niño. La escuchaba frecuentemente de mi padre, aunque no sé si a su vez él la escuchaba de otros, si sería común en su tiempo, porque lo cierto es que de adulto no he vuelto a oírla.

Fuera quien fuera que se la inventara, supongo que quiso referirse a un caso insólito, a algo que difícilmente podría ocurrir en la vida real, algo así como el colmo del latrocinio. No porque se pensara que llegaríamos a un grado tal de irresponsabilidad social. A decir verdad, el refrán no se refería a robar, sino a destruir, pero igual da.

Muchas veces he dicho, e insisto ahora, que el gran reto de la sociedad dominicana, conviene recordarlo ahora que vamos a iniciar una nueva gestión de gobierno, es construir un Estado que se respete, que se respete a sí mismo y que todos lo respeten, gobernantes y gobernados. Insisto en que la debilidad del Estado es la gran barrera que se opone al desarrollo. Nadie le teme, nadie lo respeta, nadie lo defiende.

El Gobierno del Lic. Danilo Medina se anotaría un punto muy marcado si logra corregir cosas de este tipo, que no tienen un costo económico exagerado, pero sí mucho valor para nuestra seguridad y autoestima como sociedad.

Porque muchas de las cosas que vemos parecen dignas de un catálogo de superlativos. No ya los problemas del tránsito, donde las reglas y la ley son letra muerta. O de una Policía Nacional que hace de todo, menos una gestión policial. O del robo a gran escala, el de la corrupción pública, el que se hace por medio de las contrataciones, o por leyes y resoluciones que se compran, o por el soborno,  o por hacerse de la vista gorda en la supervisión y control, o por la extracción directa de fondos públicos.

Ahora se trata del pequeño robo, del raterismo, que amenaza con tener efectos tan perniciosos como el grande. Porque se producen apagones y hasta se podría caer un puente, por la sustracción de piezas elementales de nuestra infraestructura.

Y parece inconcebible que en un país en que existe tal proliferación y diversidad de ministros y viceministros, generales y coroneles, directores e intendentes, procuradores y fiscales, tantas y tan altas cortes, nadie se dé por aludido. Nadie entienda que esto es asunto de su incumbencia.

Y mientras tanto, los periódicos informan todos los días y las empresas se quejan de que se roban los cables de teléfonos, se roban las tapas de las alcantarillas, se roban los cables de televisión, se  roban torres del tendido eléctrico, se roban cables de alta tensión, se roban los bustos y las estatuas de héroes (y de villanos),  se roban un avión, se roban la gasolina para poder llevárselo, se roban las verjas perimetrales de los parques, se roban los cables que sostienen los puentes, se roban los hierros de la cárcel y...

¡Ah!,  ahora entiendo por qué en las cárceles dominicanas a las celdas donde se alojan los ladrones más connotados no les ponen barrotes de hierro. Es que aparentemente resulta más difícil robar la caoba.

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