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La columna estriada 

Concurso CODIA, a 43 años de haber sido…

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Emilio José Brea García

Arquitecto

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Francomacorisano, arquitecto, inconforme pero agradecido de la vida, crítico polemista de su profesión...

NOTA PREVIA: En el 1986, un 3 de mayo, el Grupo Nuevarquitectura (GNA) estaba cumpliendo siete años y se nos ocurrió que la mejor manera de celebrarlo era homenajeando a un grupo de profesionales del diseño y la construcción que habían trillado el camino mucho tiempos atrás, camino que andábamos nosotros entonces. Entre los 17 personajes estaba Mercedes Conde Pausas quien falleciera recientemente. Estas letras vuelven a testimoniar respeto a ella y a todos los que aquí se citan.

En 1969 se dieron los resultados de un certamen que supuso una confrontación de proyectos, que al mismo tiempo, ha de haber sido una de las primeras iniciativas de exploración, con carácter científico, técnico y académico, que se realizaran en torno a la casa campesina dominicana.

El Concurso de Anteproyectos para la Vivienda Rural, había sido convocado el año anterior (1968) organizado por el entonces combativo Colegio Dominicanos de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores -CODIA- (ahora es una melcocha inoperante para los profesionales allí agrupados), y patrocinado por diversas instituciones públicas y privadas (Instituto Agrario Dominicano -IAD-, Secretaría de Estado de Agricultura -SEC-, Instituto Nacional de la Vivienda -INVI- y la Fundación Dominicana de Desarrollo -FDD-).

El término “vivienda”, siempre cuestionado por nosotros dado su carácter de implicaciones antropológicas y sociológicas, dependiente de las facilidades de acceso al transporte, la salud, el comercio, la educación, los esparcimientos y entretenimientos, en fin, de todo un marco cultural de sustentación, quedaba descartado de plano en este intento serio de adecuar aportes habitacionales al campesinado dominicano, postrado en un ostracismo finisecular de abandono en todos los renglones.

La presidencia del entonces pujante gremio estaba bajo la responsabilidad del arquitecto Julio A. Hernández Santelises y en la comisión de editores de la revista, órgano del CODIA, participaban Omar Milán Lora Gómez y Frida Aybar de Sanabia (+). Toda la edición perteneciente a los meses de mayo y junio, la número 17, fue dedicada íntegramente al concurso en el que participaron: Vicente Tolentino Dipp, Teódulo de Jesús Blanchard Paulino, Pablo de Jesús Mella Morales(+), Frank Hatton Curiel (+), Norma Emma Guzmán de Khouri, Mario R. Jiménez Figueroa, José Rafael Fermín Villanueva, Omar Milán Lora Gómez, Leopoldo Espaillat Nanita, Isabel Ballester de Lee (+), Jorge Asmar Annia (+), Eduardo Selman Hasbún, Nidia Miller de Velásquez, Luís René Sánchez Córdova, José Martínez Puertas (+), Ricardo Mejía León, Rafael Alejandro García González, Grecia -Grethel- Castellanos (entonces) de Selig, Rafael Tomás Hernández, Juan Benito Zaragoza, Mariano A. Sanz Martínez, Eugenio Pérez Montás, Fernando Flaquer C., Celestino García C., Raymundo D. Díaz M., Efialto Castillo, Luís Manuel Martínez Fernández, Nelson A. Viñas Pichardo, Ricardo A. De la Rocha Contín y Marino R. de Herrera Báez. (No sabemos si hay otros u otras ya fallecidas en este grupo)

En la edición se aclara que los arquitectos Luís René Sánchez Córdova y Juan Benito Zaragoza, quienes ganaron una Mención de Honor, rehusaron recibirla mediante correspondencia que interpusieron ante los organizadores. Los ganadores fueron los arquitectos Rafael Alejandro García González, Primer Premio; Nidia Miller de Velásquez, Segundo Premio; y Ricardo De La Rocha Contín, Tercer Premio. Luís M. Martínez Fernández, Nelson Viñas Pichardo y Grecia -Grethel- Castellanos de Selig, obtuvieron Menciones de Honor.

Como novedad democrática y participativa, el Jurado estuvo formado, además de los representantes del gremio (que no fueron identificados), por parceleros escogidos por las instituciones patrocinadoras.

El Primer Premio estuvo dotado de 2,000 pesos, el segundo de 700 y el tercero de 400.

Los parceleros hicieron una serie de anotaciones que merecen ser incluidas en este breve recordatorio. Encontraron pequeñas las propuestas de casas aunque no se especifica con que sistema de medición escalar intuyeron estas peculiaridades; se quejaron de que algunas no tenían cocinas lo que obligaba a construirlas aparte o agregarlas, con materiales distintos o con los que aparecieran a mano; se quejaron también de que cuando se ofrecieron las cocinas, estas estaban muy próximas o dentro de las casas lo que facilitaba el ingreso del humo de la leña al interior de las mismas; prefirieron las ventanas de hojas (batientes) a las de persianas; consideraron necesaria por lo menos una puerta trasera en uno de los dormitorios, para comunicarse con el patio por las noches; prefirieron las cocinas grandes y bien protegidas para evitar los robos; consideraban que la sala es un lugar para recibir visitas, pero no como una estancia de asueto, por lo que prefirieron las enramadas. El acta fue levantada el 2 de enero de 1969.

Los proyectos: Los tres primeros premios lucieron fachadas tipificadas por su sencillez y elementalidad, pero sus interiores reflejaban una imposición cultural que les apartaba del modelo rítmico, modular a proporciones, que identifica por herencia la casa tradicional campesina.

Se pueden leer esas imposiciones en las formas, eminentemente funcionales, pero sin considerar esa procedencia o extracción hereditaria que afianza la cultura del campo manifiesta en sus construcciones.

Los dos primeros premios fueron muy cerrados hacia el exterior, cosa que ciertamente caracteriza a la casa campesina; el tercer premio proponía sistemas de persianas de piso a techo, nunca utilizado por el campesino, representando una novedad inaceptable para el habitante del campo.

La psicología campesina reniega de la exposición visual de amplio panorama, aún sea en nombre de la mayor ventilación posible. Quizás faltó una correcta asesoría previa que orientara hacia esas preferencias, gustos, costumbres y expectativas campesinas, lo que se resume en una cultura del campesinado, aunque se aclara que los organizadores suministraron toda la información referente a los hábitos de las familias rurales que a la fecha habían sido alojadas en núcleos de los proyectos agrarios del IAD.

Si así fue, los proponentes no los consideraron (los hábitos) e intentaron, sin éxito formal, interpretarlos y aplicarlos siguiendo una intuición académica segregacionista, muy influida por lo urbano.

Quizás no todos lo hicieron así, por lo menos los anteproyectos publicados en la revista, que fueron los ganadores de premios y menciones; pero sin embargo, las menciones nos lucen mejores interpretadas para los fines de adaptación cultural de los potenciales usuarios futuros, principalmente la de los que rechazaron recibir la mención, Juan Benito Zaragoza y Luís René Sánchez Córdova, una propuesta lineal de dos módulos, en perfecta armonía cultural con los posibles usuarios.

Igual se puede decir de la Nelson Viñas Pichardo, muy moderna en su concepción, pero ajustada al prototipo campesino, aunque fuera de una rigurosa axialidad.  Quizás ahora que han pasado 43 años estos proyectos podrían ser y más aún puesto que nuestros campesinos abandonaron el ancestral radio de pilas Riviera y hace ya mucho tiempo que se apoltronan frente a un televisor o frente a un complejo componente de música y no dude usted que hasta, por vía de hijos y sobrinos, estén online…

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