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La columna de Miguel Guerrero 

Cuando el poder se ejerce

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Miguel Guerrero

Periodista y escritor

Sobre mí

Ha laborado para agencias y revistas internacionales y ha sido columnista de diarios nacionales extranjeros, entre los cuales se encuentran el Herald de Miami , El Mundo y El Nuevo Día de Puerto Rico. Escribe una columna diaria para diarios del país desde septiembre de 1978. Ganador del Premio Nacional de Historia, ha publicado once libros.

Saint Marteen es una pequeña isla del Caribe con una reducida población dentro de la cual la comunidad dominicana representa la mayoría de las decenas de nacionalidades que allí conviven en perfecta armonía y tranquilidad. Uno de ellos me reconoció mientras caminaba por una de sus típicas calles repletas de tiendas atestadas de turistas, para quejarse de cuán abandonados se encuentran sus compatriotas  a despecho de la soberbia representación oficial que nosdamos el lujo de mantener en aquel paradisíacolugar. La razón de sus lamentos, me dijo,es que en ese diminuto universo geográfico, se estaría dando un fenómeno excepcional suficiente para ilustrar la visión imperial de las autoridades delpaís.

Se refería a que estamos representados allí por un ausente cónsul general, y una asombrada dotación auxiliar integrada por 16 vicecónsules, de los cuales apenas uno tiene residencia permanente, la que probablemente supere la representación de las dos potencias coloniales dominantes en Saint Marteen, como sonHolanda y Francia.

La información no me resultó extraña por cuanto ya tenemos ministros y embajadores de ultramar, como si el país poseyera posiciones en el exterior, más allá de las pequeñas islas--Saona,Beata y Catalina-- que circundan el lado que ocupamos de la Hispaniola. Me imagino que todos esos nombramientos en nuestra abultada nómina exterior, conllevan una respetable dotación económica, una especie de pago a la fidelidad y el compromiso político, a cobrar sentado en el hogar o quién sabe también como gratificación adicional a otro cargo público.

Descarté la posibilidad de confirmar si en realidad tal es el grueso de la representación consular, porque sean veinte , quince, diez o siete, poco importa a la luz de la perdida racionalidad que se vive en esta nación donde el poder convierte a quienes lo ejercen en propietarios absolutos de la cosa pública.

 

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