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Isidoro Santana
Economista
Sobre mí
Economista. Investigador y consultor económico en políticas macroeconómicas, particularmente en el área fiscal, así como en políticas sociales. Ha publicado estudios sobre pobreza, distribución del ingreso y políticas de educación, salud y seguridad social. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro fundador del movimiento cívico Participación Ciudadana, Ex Coordinador General del mismo en dos ocasiones, y miembro de su Consejo Nacional y la Comisión de Transparencia.
Se sigue discutiendo el tema de la deuda pública. En el artículo de la semana pasada decíamos que en el país hay dos datos oficiales, uno de los cuales dice que a diciembre pasado la deuda pública era el 29% del producto, y otro que dice que era el 40.5%. Decíamos que además de esos hay diversos datos extraoficiales, de modo que ahora se manejan múltiples cifras.
Entre los dos datos oficiales la diferencia es si se incluye todo lo que el Gobierno debe al Banco Central (en lo adelante BC) o sólo una parte. Hay mucha gente que piensa que la deuda frente al BC no es deuda, porque es como deberse a sí mismo, e incluso algunos economistas piensan que tiene poca importancia, porque se paga si se quiere. Pero no es así, y vamos a tratar de demostrarlo.
Cuando ocurrió el enorme fraude bancario descubierto en el 2003 pero gestado mucho antes, y el Gobierno decidió que se pagara a quien se debía y a los otros también, todo eso era con cargo al fisco. Pero el fisco no tenía con qué pagarlo. De modo que el BC comenzó a pagarlo con emisión inorgánica de dinero, y cuando vio la devaluación e inflación que eso estaba provocando, entonces comenzó a pagarlo con nuevas deudas. Pero siempre con cargo al fisco.
Al llegar el nuevo gobierno, se dio cuenta de que tampoco tenía con qué pagarlo y se hizo “el chivo loco”. Cuando se vencía algún certificado, el BC lo pagaba con otros certificados, y como también había que pagar intereses, pues se emitían más certificados y la deuda creció como una bola de nieve. Toda una centrífuga.
Dado que después el FMI descubrió que el BC tenía demasiados pasivos y pocos activos (capital negativo), entonces exigió al Gobierno que había que capitalizar al BC. Y se aprobó una Ley de Capitalización. El procedimiento consistía en que el Gobierno suministrara activos al BC, en este caso, bonos soberanos del Tesoro Nacional, para que tuviera más activos que pasivos y, por tanto, capital positivo.
Claro está, los nuevos bonos serían activos para el BC, pero pasivos para el Gobierno, con lo cual, la deuda del Gobierno se elevaría. Esto es sólo una argucia contable, porque la deuda existía de antemano, y la propia ley monetaria dice que el Gobierno es responsable de lo que debe el BC.
La idea era que con el tiempo, a medida que la gente fuera adquiriendo confianza en los bonos del Tesoro, (como ahora, que los compra voluntariamente), entonces ya el BC no tendría problemas: en vez de darle a sus acreedores nuevos certificados de inversión, les daría bonos del Gobierno y problema resuelto.
Así se limpiarían los estados financieros del BC: desaparece el activo (bono del Tesoro) y el pasivo (certificado de inversión), y la deuda habría devenido en un contrato entre el inversionista y el Gobierno. Ya el BC no estaría en el medio, y podría dedicarse a aquello para lo que fue creado, que es hacer política monetaria. Ya la tasa de interés y la tasa de cambio podrían manejarse de acuerdo con los requerimientos del desarrollo nacional, y no como ahora.
El proceso de emisión y entrega al BC de bonos soberanos tomaría un período de diez años, durante el cual se colocarían RD$320 mil millones. De acuerdo al calendario que se preparó, para 2012 ya debían haberse emitido RD$222 mil millones. Pero resulta que el Gobierno se cansó desde el segundo año, habiendo parado tras emitir los primeros RD$85,000 millones. Esos son los US$2,200 millones que la Dirección de Crédito Público reconoce oficialmente como deuda. ¿y la otra, no existe?
Conforme a la ley, cada vez que el BC coloca un nuevo certificado, o sencillamente paga intereses por los viejos, le anota en su contabilidad una cuenta por cobrar al Gobierno. Y ya van los US$8,210 millones referidos en el artículo anterior. Eso crece como la verdolaga y en este momento ya van justo US$9,000 millones, pues antes de cerrar su contabilidad el BC va registrando los intereses que paga como pérdidas acumuladas, y después lo pasa en el activo como cuenta por cobrar al Gobierno. De modo que al 31 de enero faltaban por pasar otros RD$30,800 millones, esto es, 790 millones de dólares más.
Y hubieran sido mucho mayores de no ser porque, para atenuar esas pérdidas, del presupuesto público se le transfirieron RD$18,859 millones el año pasado, lo cual también está previsto en la ley. Pero sigue creciendo cada mes, pues son más los intereses que el BC paga a sus inversionistas que lo que el Gobierno le transfiere a él.
Pero todavía falta por contestar la pregunta de por qué el Gobierno tiene que pagar esta deuda. Detengámonos un momento a ver el gráfico. A la izquierda se muestran los activos del BC y a la derecha los pasivos. Para simplificar, en los pasivos hemos excluido la emisión monetaria, dado que es un pasivo que no hay que pagar, excepto si se pensara dolarizar la economía. Por la misma razón, de los activos hemos excluido las reservas monetarias.
Activos del BC (sin incluir reservas) y pasivos (sin incluir emisión)
En millones RD$, Noviembre de 2011

Lo que se ve es que el BC debe (a noviembre pasado) unos 388,990 mil millones de pesos. Y eso es deuda real, que hay que pagarla, la mayor parte con los inversionistas en sus certificados, pero también con bancos y organismos internacionales (FMI, BID, etc.), con las instituciones financieras locales por depósitos voluntarios (distintos a los del encaje legal) y con otros. ¿Con qué pagaría el BC esa deuda? Con lo que el Gobierno le debe, porque sus otros activos son insignificantes.
Eso no quiere decir que esa deuda hay que pagarla ahora mismo. De hecho, este gobierno ha hecho un arte de posponerla y engordarla, de donde deriva gran parte de su éxito macroeconómico. Pero igualmente se puede posponer cualquier otra deuda. Aún los bonos soberanos se pueden reenganchar sistemáticamente. Pero eso no indica que la deuda no exista. O pregúntenle a cualquier persona que tenga dinero invertido en el BC lo que piensa hacer si le dicen que el Gobierno no pretende pagarla.
Claro está, el BC siempre podrá recurrir a la maquinita, pero si nos atenemos a este criterio, entonces el Gobierno nunca debería, pues hasta para el sueldo de sus ministros tendría la maquinita del Banco Central.

















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