/ Noticias por fecha

Blog detalle

Opinión 

Las cosas de Robertico y la tertulia de Fito

Las cosas de Robertico y la tertulia de Fito

Saber más Acerca del Autor

Blog detalle

Santiago Estrella Veloz

Periodista

Sobre mí

Soy abierto y tolerante, con caridad para todos y sin malicia para nadie.

Sentados bajo la sombra de un pote de ron, Fito y sus amigos comentaban con entusiasmo el giro de la campaña política, con denuncias de que los "hackers" pinchan teléfonos y correos ajenos, con tal desparpajo que ni siquiera los propios expertos se salvan.

--He sido víctima de ese despropósito—dijo Beodito—pues en estos días circuló en Internet la noticia de que yo bebo todos los días. Eso no es cierto, es una calumnia, pues únicamente bebo un día sí y el otro también.

--Pero eso no es noticia, porque es verdad—terció Trinquete, el mecánico, el que todo lo asocia a su oficio--. Si te hicieran un análisis clínico, el resultado sería que  todavía te queda un  poquito de sangre en tu sistema alcohólico, como quien dice, un carro apenas con la reserva.

--No creas, me estoy alejando de la bebida: ahora bebo con calimete.

--Hablando de Internet—intervino Fito El Flaco—de mí dijeron que dizque yo dizque tengo una cuenta en Suiza, por cuchucientos mil euros, cuando la verdad es que el único banco donde deposito es este, el del parque, para  que descanse mi esquelética anatomía. No dudo que se trate de un ataque de mis adversarios políticos, que no toleran mi popularidad. Pero juro que llevaré este caso ante los tribunales, pues conmigo no se juega, caiga quien caiga.

Pepe El Gordo, que hasta ahora se había mantenido en silencio, dijo:

--Variando un poco el tema, los munícipes de Santo Domingo sí que nos salvamos, pues el alcalde Roberto Salcedo va a repartir diariamente té de gengibre, café y galletitas, dizque como parte de su cariño hacia los habitantes de la capital de la República. Como dijo Balaguer en una ocasión, para ponerlos "gordos y coloraos", aunque con tal menú que ofrece el alcalde, quedaríamos "flacos y cenizos" del hambre.

--Esas son las cosas de Robertico, que no pega una ni con almidón. Sería mejor que recoja la basura. Frente a mi casa, por ejemplo, hay un basurero tan grande que ya las ratas están en sexto curso de la primaria. Otra cosa: el horno no está para galletitas, el café lo que hace es estimular a los fumadores y, en cuanto al té, a lo mejor lo reparten a las 5:00 de la tarde para imitar a los ingleses.

--Creo—terció Teórico—que resultaría más acertado que el alcalde ofreciera al pueblo una buena comida, como  la que suele brindarle a sus invitados y que seguramente le gusta mucho, a base de consomé Nilson y huevos Perigueux, lenguado a la Colbert; costillas de ternera al jerez con espárragos y salsa Valois y capón de Pau asado con ensalada de lechuga y,  como aperitivos, una sopa Saint Germaint, croquetas y bouchets a la montglas y jamón Richelieu. Como entradas, podría brindar costra de hígado de pato a la Syracuse, mayonesa de bogavante, lámina de faisán Perigueux y costillita de lechal a la Marichale. El plato  principal, que el pueblo agradecería sobremanera, sería capón relleno de foie-gras de Strasbourg con espárragos blancos, salsa holandesa y fondos de alcachofas Printanier, para cerrar con timbal de gaufes a la napolitana y gelee moscovita a la piña,  como postre.

--¡No sigas, que se me hace la boca agua!—dijo Seis Siete Octavos, que escuchaba atento.

--¡Y pensar que lo que yo lo que como, generalmente, es locrio de arenque o espaguetis con plátanos! ¡Y pollo si aparece con qué comprarlo!—exclamó Fito.

--¡Vayan ustedes a ver—dijo Trinquete--dizque galletitas, café y té de jengibre! Gran vaina.

--No crean—zanjó Seis Siete Octavos—los amigos del alcalde dicen que eso estimularía la producción nacional de esos artículos. Si la idea se mantiene, me iré para el campo a sembrar jengibre. Claro, si el alcalde me hace un pequeño préstamo para comenzar el negocio.

--Es que no hay imaginación, queridos amigos—dijo Beodito, dándose un petacazo directo al hígado--, porque si yo fuera el alcalde brindaría romo, mucho romo, de manera que todos los borrachones voten por mí cuando vuelvan a celebrarse las elecciones municipales.

--Si eso sucede, ¿tú le votarías al actual alcalde?—preguntó Teórico, con cara de perredeista solapado.

--¡Pues claro! El alcalde solo tiene que garantizarme una botella.

--O sea, ¿cobrar sin trabajar?

--No, una botella de romo cada dos horas. Con eso me conformo.

--Por cierto, ¿en qué quedó el caso del periodista Guillermo Gómez?—preguntó Trinquete.

(El autor no supo lo que pasó de inmediato, pues cada quien se marchó rápidamente a su casa, con la excusa de escuchar las últimas noticias)

Ver Comentarios

Comentarios

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Ver las Opiniones

Editorial

Publicidad

NoticiasSantiago Estrella Veloz