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Miguel Guerrero
Periodista y escritor
Sobre mí
Ha laborado para agencias y revistas internacionales y ha sido columnista de diarios nacionales extranjeros, entre los cuales se encuentran el Herald de Miami , El Mundo y El Nuevo Día de Puerto Rico. Escribe una columna diaria para diarios del país desde septiembre de 1978. Ganador del Premio Nacional de Historia, ha publicado once libros.
Como vigilante de las libertades, la prensa debe mantener una posición crítica frente a los poderes, especialmente el gobierno, por la naturaleza autoritaria de éste. Ese rol se hace más necesario en países como el nuestro sin instituciones fuertes y débil tradición democrática. En diferentes etapas, esa obligación fundamental ha cedido espacio ante un esfuerzo brutal de control de los medios al través de la adhesión, a veces casi fanática, de muchos de los que trabajan en ellos, y a pesar de la obstinada resistencia de una parte importante de la prensa que ha sabido defender su honor y su libertad de opinión.
La ausencia de institucionalidad y el libertino poder discrecional de los funcionarios públicos, ejercen también una despiadada presión sobre la propiedad de los medios, intentando mediatizar su rol, en base a sutiles amenazas de diversa índole. En el ámbito periodístico, la fuerza de intimidación de los gobiernos en este país ha sido siempre superior a la capacidad de aguante de algunos medios y de muchos periodistas.
Desde la funesta etapa de terror de la llamada Era de Trujillo, no se conoce otra etapa de la vida nacional caracterizada por un esfuerzo tan sostenido para uniformar la opinión pública por efecto de un control de programas de radio, televisión y columnas escritas, como la presente. Si bien es cierto que otros gobiernos han intentado lo mismo, preciso es reconocer que jamás se había alcanzado tanto éxito. Tan abrumadora corriente mediática destinada a proteger las acciones del gobierno, es fruto no sólo de la adquisición de talento, sino también de la identificación de propósitos, lo cual, sin duda, le asigna cierta legitimidad. Afortunadamente, la mayoría de los medios importantes ha sabido preservar su independencia y ellos constituyen hoy la más sólida garantía de defensa de las libertades democráticas de la nación.











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